La otra que soy

octubre 16, 2008

cartas a un sabio distante

Filed under: paso a paso — it @ 11:20 am

Voy a dejarle sin aliento, señor.  Echaré por tierra sus barreras, todos sus ejércitos y las glebas que amurallan sus almenas.

Arrebataré sus resistencias y la distancia de los fosos.  Caerán sus puentes levadizos y tomaré mi derecho de pernada.

Ríndase, señor, entrégueme el castillo entero.  Grite alto que es bien mío.  Suplique mi conquista, alce las banderas y deje sus armas en suelo…  porque exijo todo:  la piel del corazón, el alma, los sentidos, la última gota de lluvia, el olor, la música, los gemidos y su deseo y sentimientos estallando por todas partes.

octubre 11, 2008

Una perdida

Filed under: Uncategorized — it @ 12:02 am
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Copia de nevera3

SÉ involuntaria, sÉ febril
Sé involuntaria. Sé febril. Olvida
sobre la cama hasta tu propio nombre.
No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.
Sé una perra. Sé una alimaña.

Resuella, busca, abrasa, gime.
Atérrate, mete la mano en el abismo.
Remueve tu deseo como una herida fresca.
Piensa o musita o grita ¡Venganza!

Sé una perdida, mi amor, una perdida.

En el amor no existe
lo verdadero sin lo irreparable.

 

Félix Grande

octubre 1, 2008

Ya no zumban las abejas

Filed under: paso a paso — it @ 9:54 am
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En el camino que lleva a mi casa, ya no zumban las abejas.
Lleno la casa de flores; las ventanas, la solana, los jarrones… horneo pan y tarareo letrillas mientras amaso la harina. Escucho las voces y enciendo las velas del jardín mientras susurro ensalmos que aparten la niebla, el enemigo, la envidia o el miedo.

 

Cae la tarde en el camino que lleva a mi casa y ya no zumban las abejas.

julio 8, 2008

Sobre una canción de Domenico Modugno

No tengo un recuerdo preciso de la primera vez que la oí.  Posiblemente sería al pasar por las cuadras, donde Pablito, el encargado, sesteaba en las horas de calor entre el heno y las mulas.  O, quizá, a la vuelta de las rocas, cuando con cañas de bambú nos entregábamos al atávico rito de la pesca. Pero sé que era muy niña y que las notas jugaban saltarinas entre el viento, destelleando y burlándose en ráfagas de colores que subían y bajaban como en un aire pautado.  Cierto que salté para alcanzar una, la remolona, y que la emoción me hizo apretar los labios.  Casi sin respirar abrí la mano para ver cuál era.  Sobre mi palma giraba una corchea, lustrosa y brillante.  Las otras, advertidas de mi captura se fueron acercando, y así pude entender su canción.  Hablaban de distancias como vientos que apagaban fuegos pequeños, pero encendían los grandes.

“Qué gran tontería”, pensé desde mis muy pocos años, “¿cómo, por más lejos que me vaya, podría apagarme o encenderme un viento?”  Enseguida me entretuvo una chicharra -de eso me acuerdo bien, pues la seguí hasta el arroyo-.  Caía ya la tarde, olía a manzanilla y espliego y muy lejos ronroneaba un tractor.  Me senté en un ribazo desde el que veía a los hombres afanarse en la era.  Al mirar el agua me saqué la corchea del bolsillo y le enseñé mi reflejo que chisporroteaba movido por las onditas, “mira ahí”, le indiqué.  Si alguien hubiera pasado entonces tal vez hubiera creído que el sol que se ponía había encendido el arroyo; pero si se fijara bien…  comprendería que una niña que ardía -porque todos somos custodios del fuego- incendiaba el agua, todo el cielo y hasta el mismo sol.

Me buscaste

Filed under: el lado de la sombra,Uncategorized — it @ 9:03 am
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Desde antes que nacieras, te esperé.  Junto a la margen derecha de los tiempos asistí a tu nacimiento.

Moví las ramas de la acacia que entretenía tus desvelos, en la cuna.  Sople tus heridas de patio de escuela, susurré a tu oído en las noches de verano, me colé entre tus ropas, por abrigarte en los inviernos.  Hice mil cosas, de continuo a tu vera, tras, sobre, en, junto a tí.  Sofoqué tus iras, nublé tus ojos al espanto, asistí a tus pasiones, escuche mil promesas, velé tus borracheras y compartí el desgarro de los mil tormentos.  Yací contigo, en la enfermedad y exhalé mi aliento sobre tí, cuando despediste para siempre a tus amigos…

Y tú….  un día, sin saber cómo ni cuándo, me buscaste.

Te vi buscarme más allá de los espejos vacíos, en las sombras de otros cuerpos furtivos,

en cada esquina, en los recreos, en las madres y en sus hijas,

en las que bajaban del micro y en las que esperaban,

entre las santas, a veces entre las putas. “Mírame”, te pedí.  Más no me viste.

Aterrado, porque el tiempo es breve, blasfemaste y caiste de rodillas.

Maldeciste mi nombre y clavaste el puño en la tierra.

“No existes”, me gritaste al alba, ignorando mis lamentos.

Y el rocío, como lágrimas, te acarició mientras me deshacía en el tiempo…

Rumor de abejas

Filed under: paso a paso,Uncategorized — it @ 8:31 am
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El camino es de guijarros, lleva a tu casa.
Brillan las estrellas que incendian en destellos las piedrecitas que me guían,
ando leve, con los pies desnudos. En silencio.
Te imagino dormido. A lo lejos ulula un buho y una nube asienta la luna.
Tras el recodo se perfilan las márgenes que habitas y, travieso, mi corazón se escapa y corretea alegre, sin cuidado, moviéndolo todo… acariciando las ramas que riberean la sendilla, levantando polvo en sus volteretas, asustando a las luciérnagas y polillas. Corro tras él, en vano. “Cuída no despertarle”, le digo. Pero entra en tu casa, despierta a los duendes, espanta la oscurana…
Desde el umbral lo veo, acodado junto a tí, muy cerquita.
Tu almohada está tibia,
y la cama es un océano sin márgenes
donde el amor habita.

Cada noche, desde el principio de los tiempos, vengo a dormir a tu lado.

julio 2, 2008

Empezando…


LO FUGITIVO

Mi recién conocida Loba
no nos pidamos groseras garantías.

Que dure un día un año un mes
es lateral en el amor
que se acabe es su precio
que duela luego es su victoria

Seamos servidores del amor
y jamás sus contables
cierto que viene para irse

como nosotros
como nosotros…

Félix Grande.
De libro “Las rubaiyatas de Horacio Martín”

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